Video Extranjis
http://www.youtube.com/watch?v=AgkBweN1AF8
Un evento con consecuencias.
¿EXTRANJIS POR VOCACIÓN?
-Ieltxu es vasco, vive hace años en Brasil y parece que vuelve a España, no está claro, tal vez se quede entre.
-Norberto es argentino, también italiano, vive entre Italia, Alemania, Argentina y Brasil.
-Marcia es brasilera, vivió en Italia, en el país Vasco y ahora con Ieltxu está entre Bilbao y San Paulo. ¿Va o vuelve?
Los tres migraron, migran, migrarán; son extranjis por natura, necesidad y vocación.
Ser extranjeros, sentirse extranjeros nos es un tema en la vida de nosotros tres, es una condición de nuestras vidas.
“Extranjis” es una performance que parte de ese ser – sentirse extranjeros, de las vivencias, de nuestras memorias/experiencias disímil y en común, memorias que no serán contadas pero que están presentes en una estructura performática que provocará las memorias de un público que dejará de ser tal en el momento en que se transformará en protagonista: actor – memoria del hecho casi – teatral / para – teatral.
Más que provocar preferimos que “Extranjis” sugiera, despierte memorias.
En Extranjis nos proponemos crear, en un espacio no convencional pero si cotidiano (casa o departamento privado), un encuentro entre personas que participan activamente del evento y que sean ellas mismas el evento, un encuentro que se realiza al interno de una situación que se manifiesta a través de una estructura temática. La intención es la de sugerir al público un estado/presencia/memoria, creando un ámbito a transitar, una estructura pre-establecida al interno de la cual los participantes crean a su vez un evento único. Algo así como la técnica del canovaccio de la comedia del arte. Solo que no son los actores los que improvisan al interno de este canovaccio, sino que es el público el que genera las emociones y los pensamientos que la estructura sugiere, construyendo así una nueva relación con el pensamiento/sentimiento de ser/sentirse extranjero.
Algo así como una performance que intenta inducir espacios de acción y reflexión que re-actualicen las memorias/vivencias/opiniones;
aquellas individuales
aquellas que ya pertenecen al registro colectivo, construido y reconstruido a través de las vivencias personales
aquellas producidas por el contacto directo con la presencia de el/lo extranjero con el que cohabitamos
como así también aquellas de la memoria colectiva en su devenir histórico
o las que producen los medios de comunicación con las informaciones, desinformaciones y deformaciones que cotidianamente nos atraviesan…
y otras…
No sabemos cuales; cuantas y en que cualidades estas re-actualizaciones sean posibles, justamente se trata de una performance, es decir de abrir un espacio para que suceda una síntesis, una respuesta, tal vez una micro transformación en la o las pequeñas comunidades que cada encuentro vaya produciendo.
Esa serie de encuentros dará en una documentación y tal ves también en un espectáculo, no con la pretensión de resultado sino que con la intención de redescubrir, reformular por distintos medios una vivencia colectiva que es elemento crucial de esta época de transición que llamamos de post-modernismo.
EFECTOS COLATERALES
1.- En la creación y realización de un evento seguramente aparecen una cantidad de variantes, que pueden completar el hecho en sí, profundizando o ampliando los contenidos, como así también verificando las premisas formales que están en su origen. Algo que requiere la atención del creador performador, que en este caso se concentra en los posibles nuevos espacios que se abren, más que en el confirmar las intuiciones o hipótesis originarias que pueden hasta ser descartadas. Me refiero por ejemplo al hecho de que este evento no tendrá un encuentro final con el público a modo de estreno, en donde se verifica de algún modo el resultado del trabajo tanto en la aceptación o no de las posibles cualidades artísticas, así como también en la valorización de los contenidos que le dieron origen. El proceso de creación de Extranjis se dará en el mismo encuentro con el público, los ensayos y la realización son una sola cosa que irán definiendo y redefiniendo las formas y contenidos que solo la experiencia en relación inmediata con el público permitirá desarrollar, tomando de esta experiencia directa las coordenadas que plasmarán en cada performance una nueva posibilidad que jamás será la definitiva, ya que ese formato final no existe ni como intuición creativa ni como hipótesis de un determinado concepto dramatúrgico. La idea es generar un espacio abierto, en estado de transformación, que se regenera en la re-actualización de las memorias de cada colectivo y de cada individuo que se proponga aprender a cocina, cocinar y comer juntos una tortilla española.
Lo que se quiere es crear un espacio abierto, un territorio de posibilidades en la creación del evento, un generador de consecuencias en los participantes que transitan la experiencia, ya sea como colaboradores invitados – aquellos que prestan su casa para pasar a ser de anfitrión a huésped -, ya sea como público-performador. En estos participantes de roles ambiguos se producen variantes de más difícil comprobación; ¿cómo comprobar las impresiones que estas personas se llevan y que pueden o no modificar su relación con el ser/sentirse extranjero dentro y fuera de cada uno de ellos? ¿Una re-actualización? ¿Una re-valorización? ¿Una línea de fuga?
Por eso la idea de una documentación y también la creación de un espectáculo como consecuencia de esta experiencia. Documentación y espectáculo que permitan el reencuentro al menos con parte de estos individuos, y que generen nuevos colectivos que desarrollen la experiencia en otros niveles.
2.- ¿Cantidad? Se trata de generar colectivos en donde se superen algún tipo de categoría, en este caso actor/público, un grupo que auto-genere las condiciones para la realización de un objetivo.
Sabemos que no es simple compartir una cocina, cocinar juntos es una de las duras pruebas que pocas parejas consiguen superar. Pero ironía aparte, un efecto colateral de este evento es medir las posibilidades de auto-gestión. ¿Cuántas personas podrán participar sin caer en el caos? Hay un límite para la convivencia en armonía, al menos cual será el número aproximativo que nos permita realizar Extranjis sin banalizar la propuesta. ¿Hasta donde el performador puede alejarse, dejar el espacio libre para la autodeterminación del colectivo?
Con o sin ironía es un ejercicio, una comprobación, una posibilidad quimérica que nos gusta jugar como un efecto colateral de este experimento-performático.
3.- ¿Cualidad? Tenemos la posibilidad de movilizarnos con mucha libertad, solo nos hace falta un apartamento o casa que pueda contener una cierta cantidad de personas. Una o dos sartenes, algunos huevos, papas… en fin, pocos elementos y mucha libertad de movimiento para poder entrar en distintas situaciones, confrontarnos si es posible con personas que no piensan del mismo modo, que tienen opiniones distintas porque viven en condiciones distintas. No serán todos individuos que vienen al teatro sabiendo más o menos lo que van a asistir, sabiendo que existe ya una cierta complicidad. Podemos salir de ese espacio de protección y de común acuerdo para entrar en otros, en que simplemente no sabemos, en donde se vive en carne propia la condición de ser extranjero o en donde el extranjero es algo parecido al enemigo que invade el propio hábitat.
¿En qué tipo de situaciones podemos llevar la experiencia y con cuales resultados? Seguramente no será lo mismo hacerlo en un dormitorio estudiantil, en una casa en un barrio cerrado, en una favela o en la casa de Ieltxu y Marcia. ¿O sí? Veremos.
Queremos llevar esta experiencia en varios países, con experiencias bien distintas con respecto a ser/sentirse o convivir con extranjeros. Para comenzar ¿cómo será entre San Paolo y en Bilbao?
Norberto
26.04.2008
Estamos na segunda etapa do Work-in-progress Extranjis – Investigação Interdisciplinar sobre Ser e Sentir-se Estrangeiro (etapa esta que conta com a preciosa colaboração do amigo, ator e diretor Norberto Presta)
http://www.de-extranjis.blogspot.com/
EXTRANJIS
Performance o el arte de hacer trabajar al público
(Notas de una dirección improbable)
¿Cómo un actor deja de actuar para dejar actuar? - Actuar en el sentido de accionar -.
¿Cómo el intérprete que no interpreta crea un espacio de acción que ocupa un público que deja de serlo?¿Forma o contenido de una experiencia cuyo tema es ser/sentirse extranjero?El actor invita y como tal recibe/hospeda a un público que ocupa y acciona.
¿Quién es el extranjero en este espacio de acción?
Público/protagonista de una experiencia físico sensible, en donde la historia es su historia, la emoción transmitida es la del grupo que acciona en un espacio extraño, pero que hace propio a través de la presencia/acción de cocinar y de compartir, “alimentándose” con el producto creado colectivamente.
Elegimos para eso un espacio neutro, una casa o el apartamento de un público/anfitrión, que también pasa de residente a foráneo, de dueño a huésped.
Creamos así un espacio utópico, un modelo de convivencia en donde el límite se transforma en espacio, espacio de frontera que se dilata, límite que de línea de separación se transforma en espacio de encuentro.
Frontera como espacio de encuentro en donde todos somos anfitrión y huésped al mismo tiempo.
La acción metafórica de cocinar se transforma en la posibilidad de encuentro celebración, en la acción de cocinar/comer la convivencia se hace obligada, el aparente ritual es un evento teatral en el que el público/actor es huésped/anfitrión, en dónde el accionar del grupo crea la dramaturgia única irrepetible de las identidades que la hacen posible en cada ocasión.
¿Y el actor?
El actor permite la acción, minimiza su presencia para dar lugar a la presencia del otro, de los otros, para permitir el encuentro de los otros.
Norberto
ECOS DEL ENCUENTRO CON OPOVOEMPÊ
¿Es que realmente no conseguimos accionar? ¿O tal vez estemos accionando de más?
Es difícil parar, parar el cuerpo, parar, parar/nos. Bombardeados de estímulos, nuestros cuerpos/nosotros parten disparados atravesando espacios, tocando otros cuerpos, devorando y siendo devorados, sin digerir y sin ser digeridos, carentes de sustancia e incapaces de asimilar.
¡No da tiempo!
¿No da tiempo?
¿No da el tiempo o no da el espacio?
Toda la sustancia de nuestro espacio está ya digerida.
Un no tiempo en un no espacio dentro del tiempo/espacio determinado en que nos es permitido libremente movernos. Movemos en libertad en el espacio determinado de un tiempo determinado, determinados-nos, determinando-nos. Paradigma de libertad determinada.
Nuestra incapacidad de accionar está directamente relacionada a el exceso de accionar en un espacio tiempo vacío.
¿Qué hay de lo que queda fuera?
¿Estamos dentro de qué quedando fuera de qué?
El dentro en que estamos no es el único espacio posible.
La vertiginosa libertad de movernos en el espacio determinado/posible limita la percepción del otro posible, del otro espacio posible, de otros espacios, de otro yo, de otro tiempo, de otro-otros.
Percepción limitada de una posibilidad de ser/estar/habitar otro tiempo-espacio que en algún lugar de nosotros -¿dentro/fuera?- aún resuena. Resuenan en el espacio/cuerpo dilatado ecos que despiertan son-oridades en nosotros, en los otros, nosotros en los otros, un coro de presencias. Solo que para tantas presencias el espacio-tiempo-determinado no es suficiente, no alcanza con dilatar, sin un abrir la dilatación se transforma en un mero espacio vacío, en ese vacío la presión es una angustia multiplicando los ecos a los que no conseguimos responder, no sabemos como, aunque entrenados en escuchar/responder no sabemos como reaccionar, accionar. Impulso y acción no son más la misma cosa. Dilatados dentro de un tiempo/espacio dilatado el vacío nos angustia. La presión del vacío produce depresión que necesita ser des-presionada.
Depresión. Des-presión. De-presión-presión-des-presionar. De-presionar la depresión. ¿Cómo?
El dentro en que estamos no es el único espacio posible.
Estamos de acuerdo con que la piel no es un límite, es un lugar de encuentro.
No somos límite, somos los otros en nosotros, nosotros en el espacio. ¿Cuál es el límite de ese espacio? ¿Dónde la frontera? ¿Quién decide el espacio en el cual moverse? ¿Quién decide la duración del tiempo?
¿Cuál es el dentro-mi-dentro y el dentro en el que soy yo-dentro?
Los cuerpos se dilatan en el espacio-tiempo generando la música que danzamos danzándonos. “Reverberandonos”. Esto da un sentimiento de pertenencia, estamos cómodos, aparentemente libres y protegidos dentro/entre-nos.
Hasta aquí con mi cuerpo, con nuestro cuerpo espacio nuestro, dentro del nuestro dentro/fuera nuestro. Dilatados pero encerrados.
Están llegando otros impulsos.
Llegan noticias-ecos-sonoridades (¿impulsos?/¿estímulos?) del mundo otro que atraviesan la frontera del mundo nuestro. Incomodan, no están dentro del dentro. Es incómodo cuando en el espacio de las propias rutinas llegan vibraciones a las cuales no se sabe responder, el entrenamiento nos domesticó a escuchar/responder dentro de los códigos de estímulos-impulsos en el espacio reconocido del espacio dentro/fuera propio. El entrenamiento que nos domesticó en el espacio determinado no nos permite repuestas a los impulsos del fuera/fuera. Nos abrió para encerrarnos.
El entrenamiento tiene sus límites, genera sus límites.
Cuando se habla de animales el entrenamiento es domesticar. Para “El Principito” domesticar es crear lazos. Puede ser. Tal vez sean esos lazos los que definen nuestro espacio.
¿Será que el que está haciendo todo ese ruido allí afuera quiere ser domesticado? ¿Será que tendremos que crear más lazos para traer dentro lo que está fuera?¿Y si no quiere? ¿Será que tendremos que salir para reconocer/reconocernos?
Uno de los otros espacios posibles resuena en el espacio que habito/me habita y me quedo sin respuestas, es incómodo, la presión deprime. No quiero ser un actor que a partir de una cierta frecuencia de sonido se queda sordo, paralizado. Entrenado o domesticado amo los lazos que me tienen aferrado a mi-mis queridos cuerpos-presencias que co-habitan mi espacio. Pero a veces me paralizan. ¿Cómo deshacer la maraña sin perderlos/nos? Sin-perdernos.
Sin lazos el vacío no es más un juego, es un abismo.
El actor entrena, se entrena creando en si una caja de resonancia. ¿Será necesario adquirir defensas para protegerse de otras resonancias?, ¿será necesario protegerse de los ecos que llegan de los espacios ajenos? ¿Ajenos? ¿Qué me es ajeno?
Más paradigmas: espacio/ajeno – protegerse.
El actor que se protege no es un paradigma, simplemente no es.
Si no se puede resolver el paradigma se puede intentar crear otro actor.
Ni domesticar para traer dentro ni cerrar para protegerse.
¿Nos será posible otra dramaturgia para crear otra/s respuesta/s posible/s?
Ni domesticar ni cerrar. Nada humano nos es ajeno.
No nos es posible enajenarnos del mundo. Además; ¿quién decide el límite del propio mundo? ¿Dentro - fuera?
Disparados los impulsos somos disparados transitando secuencias de acciones, estimulados de impulsos se disparan las acciones en el espacio determinado. La dramaturgia del actor es su acción física, su naturaleza es re-construida en su entrenamiento y está domesticado para escuchar/responder con su caja de resonancias a los impulsos que se transforman en acciones, creando una secuencia de estas respuestas determinada por las condiciones del espacio tiempo que quien sabe quien determinó. Determinado ese espacio -en complicidad o simplemente impuesto-, esa pertenencia al espacio/tiempo se transforma en protección, límite. Entrenados para responder terminamos protegiéndonos de los impulsos que llegan de afuera del ¿“propio”? mundo, a veces incluso del afuera – adentro del ¿“propio”? Mundo.
Es estimulante pensar en la posibilidad de crear una nueva respuesta, una nueva dramaturgia.
Si no se crea/recrea un entrenamiento para esa dramaturgia el actor no se libera/escapa del modelo de producción, permanece secuestrado en el “propio mundo” perdiendo su sentido de ser, reafirmando su no ser. Condenado a no responder, solo a reaccionar.
¿“Accionando demás”? No, no es acción, es mera reacción, estímulos que generan reflejos condicionados. No son respuestas, son reflejos. Otros impulsos son posibles, otra secuencia de acciones, otro accionar.
Llegan ecos, impulsos que no logrando ser estímulos quedan sin respuesta, para reaccionar/accionar es necesaria otra dramaturgia.
Responder escuchando, estamos entrenados para eso.
Otra dramaturgia es posible.
Es difícil parar, parar el cuerpo, parar, parar/nos. Bombardeados de estímulos, nuestros cuerpos/nosotros parten disparados atravesando espacios, tocando otros cuerpos, devorando y siendo devorados, sin digerir y sin ser digeridos, carentes de sustancia e incapaces de asimilar.
¡No da tiempo!
¿No da tiempo?
¿No da el tiempo o no da el espacio?
Toda la sustancia de nuestro espacio está ya digerida.
Un no tiempo en un no espacio dentro del tiempo/espacio determinado en que nos es permitido libremente movernos. Movemos en libertad en el espacio determinado de un tiempo determinado, determinados-nos, determinando-nos. Paradigma de libertad determinada.
Nuestra incapacidad de accionar está directamente relacionada a el exceso de accionar en un espacio tiempo vacío.
¿Qué hay de lo que queda fuera?
¿Estamos dentro de qué quedando fuera de qué?
El dentro en que estamos no es el único espacio posible.
La vertiginosa libertad de movernos en el espacio determinado/posible limita la percepción del otro posible, del otro espacio posible, de otros espacios, de otro yo, de otro tiempo, de otro-otros.
Percepción limitada de una posibilidad de ser/estar/habitar otro tiempo-espacio que en algún lugar de nosotros -¿dentro/fuera?- aún resuena. Resuenan en el espacio/cuerpo dilatado ecos que despiertan son-oridades en nosotros, en los otros, nosotros en los otros, un coro de presencias. Solo que para tantas presencias el espacio-tiempo-determinado no es suficiente, no alcanza con dilatar, sin un abrir la dilatación se transforma en un mero espacio vacío, en ese vacío la presión es una angustia multiplicando los ecos a los que no conseguimos responder, no sabemos como, aunque entrenados en escuchar/responder no sabemos como reaccionar, accionar. Impulso y acción no son más la misma cosa. Dilatados dentro de un tiempo/espacio dilatado el vacío nos angustia. La presión del vacío produce depresión que necesita ser des-presionada.
Depresión. Des-presión. De-presión-presión-des-presionar. De-presionar la depresión. ¿Cómo?
El dentro en que estamos no es el único espacio posible.
Estamos de acuerdo con que la piel no es un límite, es un lugar de encuentro.
No somos límite, somos los otros en nosotros, nosotros en el espacio. ¿Cuál es el límite de ese espacio? ¿Dónde la frontera? ¿Quién decide el espacio en el cual moverse? ¿Quién decide la duración del tiempo?
¿Cuál es el dentro-mi-dentro y el dentro en el que soy yo-dentro?
Los cuerpos se dilatan en el espacio-tiempo generando la música que danzamos danzándonos. “Reverberandonos”. Esto da un sentimiento de pertenencia, estamos cómodos, aparentemente libres y protegidos dentro/entre-nos.
Hasta aquí con mi cuerpo, con nuestro cuerpo espacio nuestro, dentro del nuestro dentro/fuera nuestro. Dilatados pero encerrados.
Están llegando otros impulsos.
Llegan noticias-ecos-sonoridades (¿impulsos?/¿estímulos?) del mundo otro que atraviesan la frontera del mundo nuestro. Incomodan, no están dentro del dentro. Es incómodo cuando en el espacio de las propias rutinas llegan vibraciones a las cuales no se sabe responder, el entrenamiento nos domesticó a escuchar/responder dentro de los códigos de estímulos-impulsos en el espacio reconocido del espacio dentro/fuera propio. El entrenamiento que nos domesticó en el espacio determinado no nos permite repuestas a los impulsos del fuera/fuera. Nos abrió para encerrarnos.
El entrenamiento tiene sus límites, genera sus límites.
Cuando se habla de animales el entrenamiento es domesticar. Para “El Principito” domesticar es crear lazos. Puede ser. Tal vez sean esos lazos los que definen nuestro espacio.
¿Será que el que está haciendo todo ese ruido allí afuera quiere ser domesticado? ¿Será que tendremos que crear más lazos para traer dentro lo que está fuera?¿Y si no quiere? ¿Será que tendremos que salir para reconocer/reconocernos?
Uno de los otros espacios posibles resuena en el espacio que habito/me habita y me quedo sin respuestas, es incómodo, la presión deprime. No quiero ser un actor que a partir de una cierta frecuencia de sonido se queda sordo, paralizado. Entrenado o domesticado amo los lazos que me tienen aferrado a mi-mis queridos cuerpos-presencias que co-habitan mi espacio. Pero a veces me paralizan. ¿Cómo deshacer la maraña sin perderlos/nos? Sin-perdernos.
Sin lazos el vacío no es más un juego, es un abismo.
El actor entrena, se entrena creando en si una caja de resonancia. ¿Será necesario adquirir defensas para protegerse de otras resonancias?, ¿será necesario protegerse de los ecos que llegan de los espacios ajenos? ¿Ajenos? ¿Qué me es ajeno?
Más paradigmas: espacio/ajeno – protegerse.
El actor que se protege no es un paradigma, simplemente no es.
Si no se puede resolver el paradigma se puede intentar crear otro actor.
Ni domesticar para traer dentro ni cerrar para protegerse.
¿Nos será posible otra dramaturgia para crear otra/s respuesta/s posible/s?
Ni domesticar ni cerrar. Nada humano nos es ajeno.
No nos es posible enajenarnos del mundo. Además; ¿quién decide el límite del propio mundo? ¿Dentro - fuera?
Disparados los impulsos somos disparados transitando secuencias de acciones, estimulados de impulsos se disparan las acciones en el espacio determinado. La dramaturgia del actor es su acción física, su naturaleza es re-construida en su entrenamiento y está domesticado para escuchar/responder con su caja de resonancias a los impulsos que se transforman en acciones, creando una secuencia de estas respuestas determinada por las condiciones del espacio tiempo que quien sabe quien determinó. Determinado ese espacio -en complicidad o simplemente impuesto-, esa pertenencia al espacio/tiempo se transforma en protección, límite. Entrenados para responder terminamos protegiéndonos de los impulsos que llegan de afuera del ¿“propio”? mundo, a veces incluso del afuera – adentro del ¿“propio”? Mundo.
Es estimulante pensar en la posibilidad de crear una nueva respuesta, una nueva dramaturgia.
Si no se crea/recrea un entrenamiento para esa dramaturgia el actor no se libera/escapa del modelo de producción, permanece secuestrado en el “propio mundo” perdiendo su sentido de ser, reafirmando su no ser. Condenado a no responder, solo a reaccionar.
¿“Accionando demás”? No, no es acción, es mera reacción, estímulos que generan reflejos condicionados. No son respuestas, son reflejos. Otros impulsos son posibles, otra secuencia de acciones, otro accionar.
Llegan ecos, impulsos que no logrando ser estímulos quedan sin respuesta, para reaccionar/accionar es necesaria otra dramaturgia.
Responder escuchando, estamos entrenados para eso.
Otra dramaturgia es posible.
Compartilhando os fragmentos de vidas
Não sei em que ano o meu bisavô foi para Argentina, acho que pouco depois da unificação da Itália. Ele emigrou de Fiumefreddo, Cosenza. Foi um Calábres fugindo da fome, ou da nova situação política que talvez não lhe era favorável, talvez foram as duas coisas. Não sei. O certo è que ele não foi a única pessoa que deixou o povoado onde nunca mais voltou.
Há alguns anos atrás fui para Fiumefreddo, é uma aldeia nas ladeiras da montanha, a praça é como uma grande esplanada e de lá se vê o Mediterrâneo. Quando visitei a aldeia, e da praça admirei a beleza do mar que faz sonhar, lembrei-me da história do meu bisavô. No final de uma tarde, ele adormeceu no terraço de sua casa em Buenos Aires e, dois dias depois, morreu por causa da friagem. Naqueles anos, a cidade não era o que é hoje: o subúrbio da capital, onde a família Presta vivia, não era tão promiscuamente habitado e a pampa se estendia no horizonte como se fosse um mar verde.
O último entardecer, que o meu bisavô desfrutou, poderia-lhe produzir a mesma emoção que eu vivi no meu primeiro entardecer na praça de sua cidade natal, a mais de 10.000 quilômetros de distância, a mais de 100 anos de distância?
Talvez ele adormeceu sonhando uma memória. Não sei. Fiquei com uma forte emoção que, anos mais tarde, se tornou uma história que escrevi aqui, na minha casa da planice padana, onde vivo há anos.
A peça “Fragmentos de vidas divididas” não nasceu de uma forma premeditada, surgiu como uma necessidade escondida, a necessidade de reconhecer-se a partir da própria história e, assim, reconhecer o outro; reconhecendo quem não conhecemos, mas em quem nos reconhecemos. Reconhecer a própria história na história do outro, mesmo que cada um tenha a sua própria, mesmo partindo das necessidades e decisões comuns, mas vivendo consequências profundamente diferentes. Na Alemanha, dizem "wir sind alle Ausländer" - somos todos estrangeiros - sim, é verdade, mas cada um vive a sua própria história, e tem quem “faz a América” e quem morre na tentativa. Alguns, como eu, são centenariamente imigrantes e outros não têm consciência de se-lo, não lembram se-lo, pelo menos ser o produto de alguém que alguma vez chegou a algo que pensamos nós pertenece. A negação da própria identidade - ou a história que a tornou possível - é o absurdo que disparou este espetáculo.
Não sei se o "vùcomprà", o "extracomunitario", que chega a vender na porta da minha casa, chegou na Itália em um “gommone”. Eu não sei se ele é um sobrevivente de um naufrágio nas águas do Mediterrâneo, não sei como chegou ao país que o meu bisavô deixou quase 150 anos atrás, procurando uma chance do outro lado do Atlântico. Meu vendedor ambulante sorri, não me conta a sua história, eu a invento e escrevo uma outra história. Meu extra comunitário olha para mim, sorri e cala, eu reconheço o meu bisavô nele, eu me reconheço nele, escuto a voz que ele não faz escutar, eu escuto a voz do meu bisavô que nunca conheci, escuto outras vozes e me olho no espelho. Eu que nasci na Argentina, que antes de ser italiano fui clandestino na Itália, ilegal na Alemanha, eu que hoje sou um europeu com passaporte Argentino, e um latino-americano com passaporte italiano, um argentino de nascimento, italiano pelo meu bisavô, extracomunitario, imigrante clandestino imigrante emigrado, migrante por vontade e natureza. Quem sou?
O espelho dá uma imagem que olha para mim sem me ver porque está pensando em outra coisa, estou navegando na história e me perco. Escrevo a história de quem olha no espelho e não sabe quem é, a história de um que são muitos. Penso na Europa em que vivo há um quarto de século, uma sociedade que não se reconhece porque nega o outro, que perde a sua identidade porque nega a sua história, as suas histórias. Que esquece e torna-se surda. Que está cada vez pior porque, sem saber ser rica, recusa a sua pobreza; porque, sendo humanista, esquece a sua solidariedade, a sua igualdade, a sua justiça, esquece o que aprendeu sendo vítima e algoz ao mesmo tempo. Esquece.
Foram várias histórias que escrevi, sem premeditar fazer um espetaculo, mas sou “teatrante” e aquilo que escrevi era uma necessidade que eu posso comunicar apenas como “teatrante”, ou seja fazendo passar esse texto por o meu corpo, transformando-o em uma sequência de acções para encontrar uma relação emocional, intelectual, sensorial, física com o público. Eu coloquei todas estas histórias em conjunto, as misturei, foram contaminando-se e fui descobrindo que eram fragmentos de vidas compartilhadas.
Norberto Presta
Há alguns anos atrás fui para Fiumefreddo, é uma aldeia nas ladeiras da montanha, a praça é como uma grande esplanada e de lá se vê o Mediterrâneo. Quando visitei a aldeia, e da praça admirei a beleza do mar que faz sonhar, lembrei-me da história do meu bisavô. No final de uma tarde, ele adormeceu no terraço de sua casa em Buenos Aires e, dois dias depois, morreu por causa da friagem. Naqueles anos, a cidade não era o que é hoje: o subúrbio da capital, onde a família Presta vivia, não era tão promiscuamente habitado e a pampa se estendia no horizonte como se fosse um mar verde.
O último entardecer, que o meu bisavô desfrutou, poderia-lhe produzir a mesma emoção que eu vivi no meu primeiro entardecer na praça de sua cidade natal, a mais de 10.000 quilômetros de distância, a mais de 100 anos de distância?
Talvez ele adormeceu sonhando uma memória. Não sei. Fiquei com uma forte emoção que, anos mais tarde, se tornou uma história que escrevi aqui, na minha casa da planice padana, onde vivo há anos.
A peça “Fragmentos de vidas divididas” não nasceu de uma forma premeditada, surgiu como uma necessidade escondida, a necessidade de reconhecer-se a partir da própria história e, assim, reconhecer o outro; reconhecendo quem não conhecemos, mas em quem nos reconhecemos. Reconhecer a própria história na história do outro, mesmo que cada um tenha a sua própria, mesmo partindo das necessidades e decisões comuns, mas vivendo consequências profundamente diferentes. Na Alemanha, dizem "wir sind alle Ausländer" - somos todos estrangeiros - sim, é verdade, mas cada um vive a sua própria história, e tem quem “faz a América” e quem morre na tentativa. Alguns, como eu, são centenariamente imigrantes e outros não têm consciência de se-lo, não lembram se-lo, pelo menos ser o produto de alguém que alguma vez chegou a algo que pensamos nós pertenece. A negação da própria identidade - ou a história que a tornou possível - é o absurdo que disparou este espetáculo.
Não sei se o "vùcomprà", o "extracomunitario", que chega a vender na porta da minha casa, chegou na Itália em um “gommone”. Eu não sei se ele é um sobrevivente de um naufrágio nas águas do Mediterrâneo, não sei como chegou ao país que o meu bisavô deixou quase 150 anos atrás, procurando uma chance do outro lado do Atlântico. Meu vendedor ambulante sorri, não me conta a sua história, eu a invento e escrevo uma outra história. Meu extra comunitário olha para mim, sorri e cala, eu reconheço o meu bisavô nele, eu me reconheço nele, escuto a voz que ele não faz escutar, eu escuto a voz do meu bisavô que nunca conheci, escuto outras vozes e me olho no espelho. Eu que nasci na Argentina, que antes de ser italiano fui clandestino na Itália, ilegal na Alemanha, eu que hoje sou um europeu com passaporte Argentino, e um latino-americano com passaporte italiano, um argentino de nascimento, italiano pelo meu bisavô, extracomunitario, imigrante clandestino imigrante emigrado, migrante por vontade e natureza. Quem sou?
O espelho dá uma imagem que olha para mim sem me ver porque está pensando em outra coisa, estou navegando na história e me perco. Escrevo a história de quem olha no espelho e não sabe quem é, a história de um que são muitos. Penso na Europa em que vivo há um quarto de século, uma sociedade que não se reconhece porque nega o outro, que perde a sua identidade porque nega a sua história, as suas histórias. Que esquece e torna-se surda. Que está cada vez pior porque, sem saber ser rica, recusa a sua pobreza; porque, sendo humanista, esquece a sua solidariedade, a sua igualdade, a sua justiça, esquece o que aprendeu sendo vítima e algoz ao mesmo tempo. Esquece.
Foram várias histórias que escrevi, sem premeditar fazer um espetaculo, mas sou “teatrante” e aquilo que escrevi era uma necessidade que eu posso comunicar apenas como “teatrante”, ou seja fazendo passar esse texto por o meu corpo, transformando-o em uma sequência de acções para encontrar uma relação emocional, intelectual, sensorial, física com o público. Eu coloquei todas estas histórias em conjunto, as misturei, foram contaminando-se e fui descobrindo que eram fragmentos de vidas compartilhadas.
Norberto Presta
Artículo publicado en la revista de la Comuna Baires
Artículo publicado en la revista de la Comuna Baires (Milán) en ocasión de la publicación del texto teatral:
“Frammenti di vite condivise”
www.comunabaires.it
Compartiendo los fragmentos de vidas.
Yo no sé en que año mi bisabuelo llegó a Argentina, supongo que poco después de la unidad de Italia. Emigró de Fiumefreddo, Cosenza. Era un calabrés escapando del hambre o de la nueva situación política que quizás no le era favorable, tal vez escapaba de las dos cosas. No lo sé. Lo cierto es que no fue el único que abandonó el pueblo al que no volvió jamás.
Hace unos años fui a Fiumefreddo, es un pueblo en la ladera de la montaña, la plaza es como una gran terraza y desde allí se ve el mediterráneo. Cuando visité el pueblo y desde la plaza admiré la belleza de ese mar que hace soñar, recordé la historia de mi bisabuelo. Murió dos días después de haberse quedado dormido en la terraza de su casa en Buenos Aires. En aquellos años la ciudad no es lo que es hoy, el suburbio de la capital en donde vivía la familia Presta no estaba tan promiscuamente habitado y la pampa se extendía en el horizonte como si fuese un mar verde.
¿El último atardecer que mi bisabuelo disfrutó, pudo tal vez producirle la misma emoción que yo viví en mi atardecer en la plaza de su pueblo natal, a más de 10000 kilómetros de distancia, a más de 100 años de distancia?
Tal vez él se durmió soñando un recuerdo. No lo sé. Yo me quedé con esa emoción y años después se transformó en un cuento que escribí aquí en mi casa, en la “pianura padana”, en donde vivo desde hace años.
Este espectáculo no nació de un modo premeditado, apareció como una necesidad oculta, una necesidad de reconocerse partiendo de la propia historia y reconociendo al otro, reconociendo al que no conocemos pero en el que nos reconocemos. Reconocer la propia historia en la historia del otro, aún cuando cada unos tiene su propia historia, digamos que partiendo con necesidades y decisiones comunes y viviendo consecuencias profundamente distintas. En Alemania se dice “wir sind alle Ausländer” -somos todos extranjeros-, es cierto, pero cada uno vive su propia historia y así es que algunos hacen la América y otros mueren en el intento, algunos, como yo; son centenariamente emigrantes y otros no saben serlo, no saben de serlo, no recuerdan serlo, al menos reconocer ser el producto de alguien que alguna vez llegó al lugar que pensamos nos pertenezca. La negación de la propia identidad – o de la historia que la hizo posible - es el absurdo que disparó este espectáculo.
No sé si el “vùcomprà”; el “extracomunitario” que viene a venderme a la puerta de mi casa, llegó en un “gommone”, no sé si es un sobreviviente de un naufragio en las aguas del mediterráneo, no sé como llegó al país que mi bisabuelo dejó hace casi 150 años buscando una posibilidad del otro lado del atlántico. Mi vendedor ambulante sonríe, no me cuenta su historia, yo me la invento y escribo otro cuento. Mi extracomunitario me mira, sonríe y calla, reconozco mi bisabuelo en él, me reconozco en él, escucho la voz que él no hace escuchar, escucho la voz de mi bisabuelo que nunca conocí, escucho otras voces y me miro al espejo. Yo que nací en Argentina, que antes de ser italiano fui clandestino en Italia, fui clandestino en Alemania, yo que hoy soy un europeo con pasaporte Argentino, un latino americano con pasaporte Italiano, soy argentino por nacimiento, italiano por mi bisabuelo, extracomunitario, clandestino, inmigrante emigrado migratorio migrante por voluntad y natura. ¿Quién soy?
El espejo da una imagen que me mira sin verme porque está pensando en otra cosa, estoy navegando en la historia y me pierdo. Escribo la historia de uno que se mira al espejo y no sabe quien es, la historia de uno que son muchos. Pienso en la Europa en la que vivo desde hace un cuarto de siglo, una sociedad que no se reconoce porque niega el otro, que pierde su identidad porque niega su historia, sus historias. Que olvida y se hace sorda. Que está cada vez peor porque sin saber ser rica niega su pobreza, porque siendo humanista olvida su solidaridad, su igualdad, su justicia, olvida lo que aprendió por haber sido victima y victimaria a un tiempo. Olvida.
Fueron varias historias que escribí, sin premeditar hacer un espectáculo, pero soy teatrante y lo que escribí fue una necesidad que solo como teatrante puedo comunicar, es decir; haciendo pasar ese texto por mi cuerpo, transformándolo en una secuencia de acciones para encontrar una relación emocional, intelectual, sensitiva, física con el público. Puse todas esas historias juntas, las mezclé, se fueron contaminando y fui descubriendo que eran fragmentos de vidas compartidas.
“Frammenti di vite condivise”
www.comunabaires.it
Compartiendo los fragmentos de vidas.
Yo no sé en que año mi bisabuelo llegó a Argentina, supongo que poco después de la unidad de Italia. Emigró de Fiumefreddo, Cosenza. Era un calabrés escapando del hambre o de la nueva situación política que quizás no le era favorable, tal vez escapaba de las dos cosas. No lo sé. Lo cierto es que no fue el único que abandonó el pueblo al que no volvió jamás.
Hace unos años fui a Fiumefreddo, es un pueblo en la ladera de la montaña, la plaza es como una gran terraza y desde allí se ve el mediterráneo. Cuando visité el pueblo y desde la plaza admiré la belleza de ese mar que hace soñar, recordé la historia de mi bisabuelo. Murió dos días después de haberse quedado dormido en la terraza de su casa en Buenos Aires. En aquellos años la ciudad no es lo que es hoy, el suburbio de la capital en donde vivía la familia Presta no estaba tan promiscuamente habitado y la pampa se extendía en el horizonte como si fuese un mar verde.
¿El último atardecer que mi bisabuelo disfrutó, pudo tal vez producirle la misma emoción que yo viví en mi atardecer en la plaza de su pueblo natal, a más de 10000 kilómetros de distancia, a más de 100 años de distancia?
Tal vez él se durmió soñando un recuerdo. No lo sé. Yo me quedé con esa emoción y años después se transformó en un cuento que escribí aquí en mi casa, en la “pianura padana”, en donde vivo desde hace años.
Este espectáculo no nació de un modo premeditado, apareció como una necesidad oculta, una necesidad de reconocerse partiendo de la propia historia y reconociendo al otro, reconociendo al que no conocemos pero en el que nos reconocemos. Reconocer la propia historia en la historia del otro, aún cuando cada unos tiene su propia historia, digamos que partiendo con necesidades y decisiones comunes y viviendo consecuencias profundamente distintas. En Alemania se dice “wir sind alle Ausländer” -somos todos extranjeros-, es cierto, pero cada uno vive su propia historia y así es que algunos hacen la América y otros mueren en el intento, algunos, como yo; son centenariamente emigrantes y otros no saben serlo, no saben de serlo, no recuerdan serlo, al menos reconocer ser el producto de alguien que alguna vez llegó al lugar que pensamos nos pertenezca. La negación de la propia identidad – o de la historia que la hizo posible - es el absurdo que disparó este espectáculo.
No sé si el “vùcomprà”; el “extracomunitario” que viene a venderme a la puerta de mi casa, llegó en un “gommone”, no sé si es un sobreviviente de un naufragio en las aguas del mediterráneo, no sé como llegó al país que mi bisabuelo dejó hace casi 150 años buscando una posibilidad del otro lado del atlántico. Mi vendedor ambulante sonríe, no me cuenta su historia, yo me la invento y escribo otro cuento. Mi extracomunitario me mira, sonríe y calla, reconozco mi bisabuelo en él, me reconozco en él, escucho la voz que él no hace escuchar, escucho la voz de mi bisabuelo que nunca conocí, escucho otras voces y me miro al espejo. Yo que nací en Argentina, que antes de ser italiano fui clandestino en Italia, fui clandestino en Alemania, yo que hoy soy un europeo con pasaporte Argentino, un latino americano con pasaporte Italiano, soy argentino por nacimiento, italiano por mi bisabuelo, extracomunitario, clandestino, inmigrante emigrado migratorio migrante por voluntad y natura. ¿Quién soy?
El espejo da una imagen que me mira sin verme porque está pensando en otra cosa, estoy navegando en la historia y me pierdo. Escribo la historia de uno que se mira al espejo y no sabe quien es, la historia de uno que son muchos. Pienso en la Europa en la que vivo desde hace un cuarto de siglo, una sociedad que no se reconoce porque niega el otro, que pierde su identidad porque niega su historia, sus historias. Que olvida y se hace sorda. Que está cada vez peor porque sin saber ser rica niega su pobreza, porque siendo humanista olvida su solidaridad, su igualdad, su justicia, olvida lo que aprendió por haber sido victima y victimaria a un tiempo. Olvida.
Fueron varias historias que escribí, sin premeditar hacer un espectáculo, pero soy teatrante y lo que escribí fue una necesidad que solo como teatrante puedo comunicar, es decir; haciendo pasar ese texto por mi cuerpo, transformándolo en una secuencia de acciones para encontrar una relación emocional, intelectual, sensitiva, física con el público. Puse todas esas historias juntas, las mezclé, se fueron contaminando y fui descubriendo que eran fragmentos de vidas compartidas.
Corpo y Memoria
Corpo e memoria
“son tantas las veces que he contado esta historia que ya no sé si la recuerdo de veras o si sólo recuerdo las palabras con que la cuento…”
Jorge L. Borges
Esta frase de Borges me hace pensar en nuestro trabajo.
Muchas veces colocamos la memoria en el relato, en la palabra, como si fuese un puro proceso mental, como algo que se coloca casi fuera del cuerpo, que en forma de pensamiento transita a lo sumo el nivel cerebral – obviamente el cerebro está en el cuerpo, solo que a veces lo concebimos como algo apartado de él –.
Federico Campbell escribió;“Si la mente se difumina por todos los intersticios del organismo, como lo están haciendo ver no pocos científicos, no debería asombrarnos tanto ahora la anotación de Proust de que en los músculos hay recuerdos entumecidos.” http://redesciudadanasjalisco.blogspot.com/2007/02/la-memoria-del-cuerpo.html
Y Diane Ackerman ha llegado a la convicción de que la mente "no reside necesariamente en el cerebro sino que viaja por todo el cuerpo en caravanas de hormonas y enzimas, ocupada en dar sentido a esas complejas maravillas que catalogamos como tacto, gusto, olfato, oído, visión".
Me gusta pensar que la mente ocupa el cuerpo así como este ocupa la mente, no somos dos cosas, somos una.
Se puede concebir la memoria de un modo romántico, como algo que se coloca casi fuera del cuerpo, que en forma de pensamiento transita a lo sumo el nivel cerebral – el cerebro está obviamente en el cuerpo, solo que a veces lo valorizamos como algo apartado de él –. Entonces en el cerebro la memoria es una imagen, la podemos visualizar, la podemos colocar fuera de nosotros, separarla de nuestro cuerpo. Un pensamiento, una idea, una reproducción, algo que solo la mente está en grado de elaborar. Un mecanismo neuronal recupera algún hecho del pasado proyectándolo en las paredes de nuestro cerebro en forma de imágenes, algo así como un film o una foto. Así se “visualizan” los recuerdos; como una representación de antiguas vivencias que puede provocar una reacción emocional en nuestro presente; la memoria como una evocación.
Cuando se practica “memoria emotiva” se construye la imagen que dispara la emoción dejando al cuerpo en una posición de relajamiento, sentado o acostado, el cuerpo no tiene que “molestar”; en el proceso nemotécnico el cuerpo tiene que quedar como ausente, se le deja todo el trabajo a la mente que reconstruye la vivencia que será re - actualizada y que directamente pasará desde el cerebro a la emoción, el cuerpo partiendo de esa relajación responde al estímulo - normalmente este ejercicio psíquico físico se lo practica para llorar en escena -.
Prefiero un modo de estar en escena que priorice la conexión directa con el acontecer de la acción y con las relaciones de los elementos que integran el aquí y ahora del evento teatral, priorizar el cuerpo, su presencia y la relación física con los otros cuerpos en el espacio real en el cual la acción acontece.
Para un actor la memoria es básicamente una actividad del cuerpo, ocurre en el cuerpo, cuerpo como depositario de la memoria;
-de una memoria personal, individual; que queda de nuestras experiencias vividas en primera persona,
-y cuerpo depositario de una memoria genética; la que pertenece a nuestra especie, a su evolución y su devenir, memoria ancestral que no podemos evocar a través del recuerdo, pero que está presente en nosotros y de la cual también somos producto, somos consecuencia.
Fui percibiendo en el entrenamiento que existe un espacio entre el cuerpo y el cerebro, un punto de encuentro, de unidad, en realidad un estado que se produce en ese espacio, un estado de percepción, de “ser”, en el cual cuerpo y mente se encuentran, en donde simplemente se “es” en un accionar que se muestra como una presencia aparentemente física, pero que en realidad es una memoria que elabora una nueva memoria y que restablece la unidad/organicidad del individuo en escena, su unidad en la multiplicidad; su organicidad física y mental, emocional e intelectual, capaz de danzar los pensamientos, de accionar las emociones, de ser una sola cosa con el tiempo que lo atraviesa y que atraviesa en una vibración unísona con el público: El teatro como ritual pagano en la simple tarea de hacer reencontrar las personas y sus inquietudes.
Me interesé en indagar esa memoria muscular que conserva vivencias con el fin de construir mi cuerpo/instrumento, de des-construirme en una presencia escénica pre-expresiva. Poco me interesé de las posibles ventajas terapéuticos que la memoria corporal puede tener - supongo que las tiene y que pueden ser de gran interés para las oportunas disciplinas científicas - pero creo que si me concentrase en ello perdería el sentido mismo de mi trabajo, ya tengo bastante con procurar una calidad artística con este entrenamiento.
Tampoco me interesé en usar las “memorias” personales para “poner-me en escena”.
Auto-terapia y auto-representación llevan a un egocentrismo que no creo interesante, al menos en mi caso no lo es, en general prefiero más que contarme a mi mismo hacer pasar por mi persona – tanto cuando actúo, dirijo o escribo – eventos e historias que considero más interesantes que mis propias vivencias, historias y excentricidades personales varias, aún sabiendo que el artista esta indisolublemente involucrado en el hecho mismo de “contar”, involucrado con el objeto de su narrativa: en el arte en general, en el teatro en particular y aún más en un cierto tipo de teatro, objeto y sujeto se confunden en la acción y es así que muchas veces aparecen como una sola cosa, una unidad que hace que el cuerpo del actor, su presencia, sea el mismísimo objeto de arte; contendor y contenido de una idea/emoción que trasciende su propia voluntad. Es allí en donde la presencia/memoria toma para mí un sentido más atractivo; cuando el cuerpo del actor es una caja de resonancia, por donde suenan – a través de sus memorias físicas – un sinnúmero de otras frecuencias, de otras memorias, de otras presencias, el actor/bailarín es como un piano en donde el teclado es su columna vertebral en la cual cada vértebra conserva la vibración de sus memorias.
Como actor me interesa indagar esa memoria como mecanismo físico psíquico, que permite evocaciones de vivencias que en muchos casos no conseguimos racionalizar, pero que sabemos que es algo que nos pertenece, que es parte de nuestra experiencia de vida y que nuestro cuerpo ha sabido conservar, como un cofre que conserva su tesoro, mejor dicho, como un cofre que conserva una infinidad de cofres, de tesoros, y de los cuales es necesario cada vez obtener una llave distinta para abrirlos.
Pienso en un entrenamiento de un actor - bailarín, que consiste en gran parte en la conquista de estas llaves, para abrir esos espacios interiores en donde están alojadas sus vivencias, logrando así transformarlas en presencias, presencias escénicas contaminantes. Cuando un bailarín o un actor descubre este mecanismo, logra “tocar” y actualizar sus memorias físicas, conquista una presencia que no es la sola representación de una forma, sino que es la secuencia actualizada de una serie de vivencias.
La memoria física se transforma en la gramática que le permite crear su lenguaje, su accionar físico se apoya en una dramaturgia que se sostiene en esas vivencias. Su cuerpo es una caja de resonancia en donde la memoria física es la música que hace posible su danza.
Pienso al cruce de estas memorias con otras; con las que contienen los objetos, las que producen la literatura, las culturas e historias de los otros, pienso a una contaminación de memoria que se transforme en arte, siendo que el arte es memoria.
Norberto Presta para la charla “Piensa Conmigo”
en UniverCidade
abril/2009
“son tantas las veces que he contado esta historia que ya no sé si la recuerdo de veras o si sólo recuerdo las palabras con que la cuento…”
Jorge L. Borges
Esta frase de Borges me hace pensar en nuestro trabajo.
Muchas veces colocamos la memoria en el relato, en la palabra, como si fuese un puro proceso mental, como algo que se coloca casi fuera del cuerpo, que en forma de pensamiento transita a lo sumo el nivel cerebral – obviamente el cerebro está en el cuerpo, solo que a veces lo concebimos como algo apartado de él –.
Federico Campbell escribió;“Si la mente se difumina por todos los intersticios del organismo, como lo están haciendo ver no pocos científicos, no debería asombrarnos tanto ahora la anotación de Proust de que en los músculos hay recuerdos entumecidos.” http://redesciudadanasjalisco.blogspot.com/2007/02/la-memoria-del-cuerpo.html
Y Diane Ackerman ha llegado a la convicción de que la mente "no reside necesariamente en el cerebro sino que viaja por todo el cuerpo en caravanas de hormonas y enzimas, ocupada en dar sentido a esas complejas maravillas que catalogamos como tacto, gusto, olfato, oído, visión".
Me gusta pensar que la mente ocupa el cuerpo así como este ocupa la mente, no somos dos cosas, somos una.
Se puede concebir la memoria de un modo romántico, como algo que se coloca casi fuera del cuerpo, que en forma de pensamiento transita a lo sumo el nivel cerebral – el cerebro está obviamente en el cuerpo, solo que a veces lo valorizamos como algo apartado de él –. Entonces en el cerebro la memoria es una imagen, la podemos visualizar, la podemos colocar fuera de nosotros, separarla de nuestro cuerpo. Un pensamiento, una idea, una reproducción, algo que solo la mente está en grado de elaborar. Un mecanismo neuronal recupera algún hecho del pasado proyectándolo en las paredes de nuestro cerebro en forma de imágenes, algo así como un film o una foto. Así se “visualizan” los recuerdos; como una representación de antiguas vivencias que puede provocar una reacción emocional en nuestro presente; la memoria como una evocación.
Cuando se practica “memoria emotiva” se construye la imagen que dispara la emoción dejando al cuerpo en una posición de relajamiento, sentado o acostado, el cuerpo no tiene que “molestar”; en el proceso nemotécnico el cuerpo tiene que quedar como ausente, se le deja todo el trabajo a la mente que reconstruye la vivencia que será re - actualizada y que directamente pasará desde el cerebro a la emoción, el cuerpo partiendo de esa relajación responde al estímulo - normalmente este ejercicio psíquico físico se lo practica para llorar en escena -.
Prefiero un modo de estar en escena que priorice la conexión directa con el acontecer de la acción y con las relaciones de los elementos que integran el aquí y ahora del evento teatral, priorizar el cuerpo, su presencia y la relación física con los otros cuerpos en el espacio real en el cual la acción acontece.
Para un actor la memoria es básicamente una actividad del cuerpo, ocurre en el cuerpo, cuerpo como depositario de la memoria;
-de una memoria personal, individual; que queda de nuestras experiencias vividas en primera persona,
-y cuerpo depositario de una memoria genética; la que pertenece a nuestra especie, a su evolución y su devenir, memoria ancestral que no podemos evocar a través del recuerdo, pero que está presente en nosotros y de la cual también somos producto, somos consecuencia.
Fui percibiendo en el entrenamiento que existe un espacio entre el cuerpo y el cerebro, un punto de encuentro, de unidad, en realidad un estado que se produce en ese espacio, un estado de percepción, de “ser”, en el cual cuerpo y mente se encuentran, en donde simplemente se “es” en un accionar que se muestra como una presencia aparentemente física, pero que en realidad es una memoria que elabora una nueva memoria y que restablece la unidad/organicidad del individuo en escena, su unidad en la multiplicidad; su organicidad física y mental, emocional e intelectual, capaz de danzar los pensamientos, de accionar las emociones, de ser una sola cosa con el tiempo que lo atraviesa y que atraviesa en una vibración unísona con el público: El teatro como ritual pagano en la simple tarea de hacer reencontrar las personas y sus inquietudes.
Me interesé en indagar esa memoria muscular que conserva vivencias con el fin de construir mi cuerpo/instrumento, de des-construirme en una presencia escénica pre-expresiva. Poco me interesé de las posibles ventajas terapéuticos que la memoria corporal puede tener - supongo que las tiene y que pueden ser de gran interés para las oportunas disciplinas científicas - pero creo que si me concentrase en ello perdería el sentido mismo de mi trabajo, ya tengo bastante con procurar una calidad artística con este entrenamiento.
Tampoco me interesé en usar las “memorias” personales para “poner-me en escena”.
Auto-terapia y auto-representación llevan a un egocentrismo que no creo interesante, al menos en mi caso no lo es, en general prefiero más que contarme a mi mismo hacer pasar por mi persona – tanto cuando actúo, dirijo o escribo – eventos e historias que considero más interesantes que mis propias vivencias, historias y excentricidades personales varias, aún sabiendo que el artista esta indisolublemente involucrado en el hecho mismo de “contar”, involucrado con el objeto de su narrativa: en el arte en general, en el teatro en particular y aún más en un cierto tipo de teatro, objeto y sujeto se confunden en la acción y es así que muchas veces aparecen como una sola cosa, una unidad que hace que el cuerpo del actor, su presencia, sea el mismísimo objeto de arte; contendor y contenido de una idea/emoción que trasciende su propia voluntad. Es allí en donde la presencia/memoria toma para mí un sentido más atractivo; cuando el cuerpo del actor es una caja de resonancia, por donde suenan – a través de sus memorias físicas – un sinnúmero de otras frecuencias, de otras memorias, de otras presencias, el actor/bailarín es como un piano en donde el teclado es su columna vertebral en la cual cada vértebra conserva la vibración de sus memorias.
Como actor me interesa indagar esa memoria como mecanismo físico psíquico, que permite evocaciones de vivencias que en muchos casos no conseguimos racionalizar, pero que sabemos que es algo que nos pertenece, que es parte de nuestra experiencia de vida y que nuestro cuerpo ha sabido conservar, como un cofre que conserva su tesoro, mejor dicho, como un cofre que conserva una infinidad de cofres, de tesoros, y de los cuales es necesario cada vez obtener una llave distinta para abrirlos.
Pienso en un entrenamiento de un actor - bailarín, que consiste en gran parte en la conquista de estas llaves, para abrir esos espacios interiores en donde están alojadas sus vivencias, logrando así transformarlas en presencias, presencias escénicas contaminantes. Cuando un bailarín o un actor descubre este mecanismo, logra “tocar” y actualizar sus memorias físicas, conquista una presencia que no es la sola representación de una forma, sino que es la secuencia actualizada de una serie de vivencias.
La memoria física se transforma en la gramática que le permite crear su lenguaje, su accionar físico se apoya en una dramaturgia que se sostiene en esas vivencias. Su cuerpo es una caja de resonancia en donde la memoria física es la música que hace posible su danza.
Pienso al cruce de estas memorias con otras; con las que contienen los objetos, las que producen la literatura, las culturas e historias de los otros, pienso a una contaminación de memoria que se transforme en arte, siendo que el arte es memoria.
Norberto Presta para la charla “Piensa Conmigo”
en UniverCidade
abril/2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)